Las Historias Personales (Capítulo 71. Fragmento)

La noticia entristeció a Elena. Sabía por Pilar que Durán se encontraba muy malito. Su viejo corazón no daba más de sí. Había dicho basta y se durmió una mañana en que Durán soñaba con su esposa y sus hijos, con sus padres y con su ciudad, a la que amó tanto y en la que siempre fue feliz, incluso cuando el sufrimiento de la vida no paraba de hostigarlo una y otra vez. Duran, el viejo anarquista de corazón noble y bondad infinita.

Yo no creo en Dios, le había dicho a Elena, pero creo en la bondad de los corazones solitarios, en la inteligencia de las personas humildes y en la calma que precede a la tempestad.

En la tempestad también creo, pero he preferido siempre la paz a la guerra, pues en la paz, la poesía late por si sola, la cultura se engrandece y los hombres y mujeres luchan por su felicidad. La libertad de todos en la guerra no existe, sólo miseria y violencia gratuita y odio, mucho odio.

Por eso, Elena, no creo en Dios, porque siempre se encuentra junto a los poderosos, que lo utilizan para domesticar a los pobres de espíritu y aterrorizar a las almas inseguras y temerosa de su ira.

Por eso es tan importante leer. Quien lee un libro, no sólo disfruta de la historia que otro hombre o mujer ha escrito para el, si no que se descubre a sí mismo y aprende a imaginar y crear mundos nuevos allá donde antes sólo había páramos yermos y desiertos olvidados.

Leer te permite mirar a la sociedad con distancia suficiente para ser crítico con su comportamiento y advertir si fuera necesario, los desvarío de algunos de sus miembros. Leer un libro, muchos libros, te inician en un camino de no retorno. Cuantos más libros leas, más libre te sentirás y más dueño serás de tus movimientos.

No hay que tener miedo del saber heredado. La historia de la humanidad es fantástica. Grandes hombres y mujeres nos han transmitido su saber a lo largo de los siglos, sus equivocaciones y aciertos y las advertencias necesarias para no caer en sus errores.

Querida Elena, no dejamos de aprender y no debemos dejar de leer. Si alguna vez te vuelves a desesperar o necesitas evadirte para no sucumbir a la ansiedad o al desaliento, hazlo dentro de un libro, es el mejor psicólogo que conozco.

Elena lloró de emoción al recordar las palabras de su viejo amigo. Apenas llegó a conocerlo, y sin embargo, la reconfortó como si fuera un amigo de toda la vida.

El Arroyo

El camino era estrecho, apenas cabía un pie detrás de otro. Un pequeño remanso atravesaba el arroyo, y una leve cascada, precipitaba el agua entre los árboles del bosque. Encerrado entre la espesura de sus ramas y el tintineo incesante de sus aguas, el arroyo se perdía ladera abajo, camino del pueblo, donde tu mirada leía ensimismada junto al puente, el libro que te había regalado un Sant Jordi pasado. https://www.instagram.com/p/B_0As4JiYcd/?igshid=cu1yuny31muo

Leyendo

Leyendo, te he descubierto entre la página 21 y la 30. Me ha costado un montón retenerte, porque al viento es difícil de sujetar, la espuma del mar te moja, pero se te escapa entre los dedos. Me has mirado con esos ojos tuyos, tan… cómo decirlo… ¿intensos? Si, creo que esa es la expresión adecuada. Me has mirado y ya no he dado pie con bola, me he puesto nervioso y he sido incapaz de continuar leyendo. Ni siquiera me salen las palabras para despedirme adecuadamente. Adeu. https://www.instagram.com/p/B_w6jLEl3b_/?igshid=154hx7x10x6fn

Puesta de sol

Solo la belleza que nos regala la naturaleza constantemente o que crea nuestra creatividad, es capaz de despertar nuestra sensibilidad. Dejarse llevar por ella, es el primer paso para sentir que la vida fluye por nuestras venas y que no todo está perdido.

Mediterráneo

Miradas

Muchos días nuestras miradas coinciden.

Ventana contra ventana, vagón contra vagón.

Vamos en direcciones distintas, pero ambos sabemos que algún día, seremos capaces de apearnos en esa estación y reunirnos en los pasillos o en el andén de ida y vuelta.

Los títulos de nuestros libros coinciden. Ya sabemos que a los dos nos gusta leer. Una agradable coincidencia.

Me gusta como me miras. Tal vez a ti también te guste mi mirada.

Yo siempre espero ese momento del día, cuando tu tren coincide con el mío, cuando nuestros ojos levantan la vista sobre la página que estamos leyendo y sonreímos sin apenas mover los labios. Un día más, un instante fugaz, apenas unos segundos. Tu mirada se posa sobre la mía y como un beso, siento tu caricia invisible sobre mi mejilla.

Me encantaría poder abrazarte y decirte tantas cosas… O tal vez no decirte nada, tan solo, disfrutar de tu mirada. De ese instante único, mágico, que nos inventamos cada día.

en el metro