Asesinato por resolver (fragmento XXVII)

Al atardecer, decidieron volver a Sevilla. Les esperaba una noche larga e intensa.

Cenaron en un pequeño restaurante del Barrio de Santa Cruz y se trasladaron posteriormente, a un viejo palacio de la antigua judería. Allí les estaba esperando Michael.

La sorpresa de Alizée, que no sabía nada, fue mayúscula. Se abrazó a su jefe que con mucha ternura y comprensión, les dio la bienvenida y les presentó a unos viejos amigos.

̶ Alizée, Alberto, os presento a Núria y Manuel, nuestros anfitriones esta noche.

Todos se dirigieron a una estancia del palacio, donde se iba a celebrar un concierto de piano y guitarra con obras de compositores clásicos españoles.

Entre los invitados, Alizée creyó reconocer a uno de los sicarios que la mantuvo secuestrada en el Bosque de Ucieda. Con mucho sigilo, se lo comentó a Alberto, que inmediatamente, se lo comunicó a Michael.

Con suma discreción, la seguridad de Michael lo sacó del palacio y lo entregó a la policía sevillana.

Tenían un problema de seguridad muy grave, algún miembro de su equipo era confidente de Gérard y de no averiguarlo de inmediato, sus vidas corrían serio peligro.

Michael se reunió con su jefe de seguridad y llegaron a la conclusión de que el traidor era un miembro del equipo, contratado recientemente.

Cuando se disponían a detenerlo, este sacó su arma y disparó hiriendo superficialmente a Michael. El resto del equipo se echó encima de él logrando inmovilizarlo.

Por suerte, Manuel era médico y curó las heridas de Michael que tan sólo había recibido un rasguño superficial en el brazo derecho.

Tuvieron que suspender el concierto, disculpándose los anfitriones, con el resto de invitados, que horrorizados por lo sucedido, salieron del palacio a toda velocidad.

Una vez más, Gérard se les había adelantado, aunque había cometido el error de enviar a un sicario reconocido por Alizée. ¿Pero tendrían la misma suerte la próxima vez?

Michael decidió salir hacía París inmediatamente.

Se despidió de sus amigos, disculpándose por lo sucedido en su casa y emplazó a Alberto y Alizée a verse en La Défense, la semana próxima.

 

En la vida, no siempre salen las cosas como uno las piensa y organiza. Michael había podido comprobar en sus propias carnes, como la ilusión por ver a unos amigos y encontrarse con dos de sus mejores empleados, había sido frustrada de manera cruel.

La joven pareja, ayudó a sus anfitriones a recoger el caos en el que se había convertido la improvisada sala de conciertos y les explicaron la situación en que se encontraban, tanto ellos, como Michael.

̶ Por lo que nos contáis, Gérard le ha salido rana a la corporación y a nuestro amigo. Si como decís, está obsesionado con Michael, no va a parar hasta que acabe con él. O la policía le detiene pronto o vuestra vida y sobre todo, la de Michael, corre un peligro permanente. Vivir así, es una pesadilla difícil de conciliar.

̶ Efectivamente, Núria. Llevamos una temporada de desasosiego constante. Este viaje al sur nos ha aliviado de él, pero después de lo que ha pasado hace un rato, está claro que no podemos dormirnos en los laureles. Debemos acabar con esta pesadilla lo antes posible, le contestó Alberto.

̶ Contar con nosotros para lo que necesitéis. Mientras os encontréis en Sevilla, os ayudaremos en todo lo que os haga falta.

̶ Muchas gracias Manuel, pero después de lo que ha pasado, queremos llegar a Santander lo antes posible. Alberto y yo, tenemos que preparar nuestro viaje a París y encarar el desafío que supone para nuestro futuro más inmediato, Gérard.

 

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Ausencia

Hoy me ha buscado este poema.

Hasta que no ha encontrado mi mano

No ha parado.

 

Mañana no sé,

Pero hoy tus besos

Han despertado mis labios,

Y tu sonrisa

Ha dibujado mi rostro.

 

Siempre en búsqueda constante

Superando las barreras

De la lengua y las miradas

Moviendo el aire

Los pensamientos

La memoria…

 

 

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Asesinato por resolver (fragmento XXVI)

Llegaron a Sanlúcar de Barrameda sobre las doce del mediodía, les estaban esperando en el Centro de Interpretación del Vino, en la bodega Delgado Zuleta, una de las más antiguas del Marco de Jerez.

̶ Estos vinos son diferentes a cualquiera de los que hayas podido probar en cualquier parte del mundo. Su método de elaboración es único y su sabor, también. Te va a encantar Alizée.

El enólogo de la bodega les acompañó a lo largo de ella, explicándoles los tipos de vinos que elaboraban y sobre todo, el método de elaboración de cada uno de ellos.

Alizée no terminaba de comprender el sistema de criaderas y soleras que se utilizaba para elaborar las manzanillas y el resto de los vinos generosos, pero le encantó la venencia, una varilla de barba de ballena, que en un extremo tiene un gancho metálico y en el otro, un recipiente cilíndrico que se usa para sacar el vino de las botas sin mezclarlo con el velo de flor (las levaduras que reposan sobre el vino) y trasegarlo al catavinos.

El enólogo les dio a catar una manzanilla pasada, que era una autentica maravilla. Tanto Alberto como Alizée disfrutaron de la visita y le prometieron volver en otro viaje.

 

Mientras tanto, en Santander continuaban con las pesquisas en busca del paradero de Gérard. De momento, la búsqueda internacional no había dado ningún resultado. Se lo había tragado la tierra.

Ernesto, el comisario jefe, pensaba que se encontraba en Francia, cerca del presidente de la corporación.

Sin embargo, Gérard no había salido de España desde que entró para matar a Eva y secuestrar a Alizée. Continuaba agazapado en algún lugar del norte de la península.

Sus planes eran mantener la calma y aprovechar los errores que pudiera cometer Michael. Su obsesión por él, estaba siendo enfermiza.

Estaba creando un grupo de presión similar al desmantelado en China, que le permitiera introducirse en el partido en el gobierno y a través de él, beneficiarse de las debilidades de políticos corruptos.

España, en los últimos años, había caído presa de la corrupción más exacerbada. Los políticos de uno y otro signo, competían entre sí, por ver quién se lo llevaba más en crudo.

Gérard se frotaba las manos ante el futuro tan halagüeño que se le presentaba. Para un hombre como él, sin ningún escrúpulo moral, España, era el país ideal para cometer sus fechorías.

 

Después de comer, Alizée y Alberto, estuvieron paseando por Cádiz. El sol de la tarde caía sobre sus rostros y era un auténtico placer sentirlo sobre la piel.

Alberto le explicó, que en 1812 se firmó en esa ciudad, la primera constitución española, llamada “La Pepa”, que pasó por ser una de las más modernas de su época, pero que realmente apenas se puso en práctica.

̶ ¿La Pepa? Preguntó Alizée

̶ Si, el día que se firmó, coincidió con el día del Padre y festividad de San José, al que en España, también se le llama Pepe y al ser la constitución, un término femenino, finalmente el pueblo decidió llamarla “La Pepa”.

̶ Pues me encanta. ¡Viva La Pepa! y ¡olé!

̶ Ja ja ja… Y ¡olé!, Alizée.

Asesinato por resolver (fragmento XXV)

Abandonaron Madrid camino de Sevilla, Cádiz y Córdoba.

Alberto había viajado mucho, pero su país le apasionaba. Cualquier lugar de la península o de las islas, le parecía merecedor de su visita. Sabía que no le iban a defraudar en absoluto.

Alizée, por su parte, estaba feliz de viajar al sur de España. Apenas conocía nada y le apetecía mucho hacerlo en compañía de su novio. Estaba emocionada.

Cuando llegaron a Sevilla, comenzaba a anochecer. Se habían entretenido un poco por el camino. No tenían prisa. Alberto había pensado en invitar a su novia a un espectáculo flamenco. Se desplazaron al barrio de Triana donde conocía un pequeño local de viajes anteriores. La dueña era amiga de un tío suyo y se alegraría de

verlos. Alizée alucinó con el espectáculo, nunca había visto algo parecido. La confluencia de las guitarras, la caja, el cante y el baile la maravillaron. Se quedó prendada de una bailarina de ojos negros, que movía su cuerpo y sus manos como si fueran las llamas de un fuego. La pasión de su baile y la mirada de aquellos ojos, tenían hechizada a Alizée.

Ella, que estaba acostumbrada a enfrentarse a mujeres y hombres de mucho carácter, se sentía subyugada por aquella mujer. La estaba envolviendo con su danza y sus miradas, con sus caricias en el aire, con la música embriagadora. Se había creado una atmósfera mágica que desconocía. Se sentía insegura pero no podía evitar disfrutar del embrujo que la rodeaba. Alizée se sentía atraída por Laura, que con su baile y sus miradas penetrantes, le estaba haciendo el amor delante de todos. Sólo Alberto era consciente de lo que estaba pasando y no quiso evitarlo. Dejó que su novia cayera en las redes del erotismo mágico y carnal que le proponía Laura. Deseaba que Alizée disfrutara de las pasiones sin importarle los convencionalismos. Eran sus vidas y ambos eran los dueños de las mismas, sin más.

Cuando se vieron por la mañana, Alizée abrazó a Alberto y lo llenó de besos. Había disfrutado tanto… Le agradeció su comprensión y su complicidad. Como no lo iba a querer…

 

Desayunaron camino de Córdoba. La tierra de Maimónides y Averroes, les esperaba.

Alberto le explicó a Alizée, que hubo un tiempo en que las tres religiones monoteístas convivieron sin ningún problema en diferentes puntos de España. Toledo, Granada, Córdoba…

̶ Cuando los fanatismos se duermen, los pueblos conviven y crecen en armonía, sin nada que obstaculice su evolución. Sin embargo, cuando la bestia se despierta, el fanatismo religioso, nacionalista o de cualquier otra índole, arrasa con todo lo que se encuentra en su camino. Pasó en España y también en Europa. El mundo, a veces, se vuelve completamente loco, habló Alberto.

̶ Nos da miedo lo diferente, lo que trastoca nuestro sistema de ideas y valores. Nos adaptamos mal a las novedades, sean políticas, culturales o incluso educativas. Y no es una cuestión de edad, se da en todas las fases de crecimiento del ser humano.

Hay personas que evolucionan y superan la intolerancia y otras a las que les resulta imposible hacerlo.

̶ Tienes razón, Alizée. El miedo, la intolerancia, la ignorancia, las desigualdades sociales. Todas son malas consejeras de cara a conseguir una sociedad más justa y equitativa, corroboró Alberto.

̶ A lo largo de los siglos hemos ido evolucionando en muchos aspectos, sin embargo, siempre caemos en los mismos errores. Ponemos en el poder o los ponen, a los políticos equivocados. Aquellos más miserables, más ruines e ineptos. Aquellos que sólo cumplen las expectativas del poder financiero y de las masas acomodaticias.

̶ Estoy completamente de acuerdo Alizée. Además no importa el régimen político que tenga cada país, los hilos siempre los mueven los mismos.

 

Para ser invierno, hacía un día magnífico en Córdoba.

Aparcaron el coche cerca del casco histórico y se acercaron a La Mezquita dando un agradable paseo. El templo islámico y católico lucía en todo su esplendor.

̶ Es impresionante, que maravilla de la arquitectura. Me gusta muchísimo, exclamó Alizée.

̶ La verdad es que si, contestó Alberto. A nadie le es indiferente.

Después de comer se acercaron a visitar Medina Azahara, la antigua ciudad que mandó construir Abderraman III a unos kilómetros de Córdoba, para albergar los servicios administrativos y residenciales del califato.

 

Regresaron a Sevilla al anochecer. Estaban muy cansados y decidieron cenar en el hotel. Esa noche no saldrían. Mañana tenían intención de viajar a Cádiz.

Asesinato por resolver (fragmento XXIV)

En la corporación estaban reestructurando los departamentos con los que había tenido alguna relación Gérard. Hubo algunos despidos y cambios de puestos. Michael quería atajar cualquier atisbo de insubordinación y por supuesto, deseaba evitar episodios como los acontecidos en China y en España.

El comité de dirección de la empresa se redujo a un grupo minoritario, en el que iban a tener un fuerte protagonismo, Alizée y Alberto.

Confiaba en la capacidad y preparación de ambos para enfrentarse a los nuevos retos que el mundo globalizado en el que estaban inmersos, les iba a exigir a partir de ahora. La joven pareja tenía la energía suficiente para enfrentarse a ellos con todas las garantías.

Ernesto, el comisario jefe, había enviado una orden de búsqueda y captura de Gérard, a las organizaciones policiales de todo el mundo. Comenzaba la búsqueda del responsable de sus quebraderos de cabeza.

Santander y Cantabria recobraban la tranquilidad que siempre habían tenido. No deseaban este tipo de protagonismo en los telediarios de medio mundo.

 

Alberto se despertó antes que Alizée. Una tenue luz entraba a través de la ventana de la habitación. Se quedó mirando el rostro de su novia pensando en el sufrimiento que había padecido durante dos meses. Pobre Alizée y maldito Gérard.

No podrían descansar hasta que no lo vieran entre rejas o muerto.

Se levantó y telefoneó para que les subieran el desayuno a la habitación, le daría una sorpresa a Alizée. Mientras tanto se fue a dar una ducha.

Cuando estaba terminando, entró su novia.

̶ ¿Serías tan amable de enjabonarme la espalda, mon amour?

̶ Por supuesto, no deseo hacer otra cosa en este momento, ma chérie.

El agua caliente, el jabón deslizándose por sus cuerpos. El deseo irrefrenable de sus miradas, sus besos lascivos y húmedos. Todo era fácil en el deseo compartido.

 

Bernardo yEl Dragón que perdió el fuego

Aquella primavera estaba siendo muy lluviosa.

Las nubes no paraban de echar agua y más agua sobre toda la comarca y la naturaleza comenzaba a estar un poco desbordada.

Los valles que acogían los ríos no daban abasto, sus cauces eran tan anchos que más que ríos, parecían lagos y algunos animales tuvieron que emigrar a otras latitudes más secas, pues las madrigueras donde vivían, habían sido anegadas por el exceso de caudal.

Todos estaban muy preocupados. ¿Qué le ocurría a las nubes para no parar de llorar?

Alguien tenía que hacer algo, pensaron unos y otros. Pero… ¿Quién?

 

Toc, toc, toc… Llamaron a la puerta de la casa de Bernardo. Toc, toc, toc… Insistieron.

̶ ¿Quién será a estas horas, si aún es de noche?

En la puerta de la casa, se encontraba un pequeño dragón, triste y compungido, apenas podía hablar.

̶ ¿Qué te ocurre mi buen amigo?

El dragoncito era incapaz de soltar ni una sola palabra. Era como si se hubiera quedado sin lengua.

̶ Pasa, pasa a mi casa, al calor de la lumbre estaremos mejor.

Poco a poco fue entrando en calor y se animó a contarle el problema que le había llevado a visitar a su amigo Bernardo.

̶ Hace unos días, saltando en un charco, me entró agua en la boca y desde entonces, no soy capaz de echar fuego. Y todo el mundo sabe, que un dragón que no echa fuego por la boca, no sirve para nada.

El pequeño dragón lloraba desconsolado.

̶ Bua, bua, bua…, gimoteaba sin descanso.

Bernardo que era muy comprensivo y a quien no le gustaba ver sufrir a nadie,

comenzó a buscar una solución para su pequeño amigo.

Como en esa época, no existía internet, Bernardo tuvo que hacer uso de las enciclopedias que sus antepasados le habían dejado en herencia. En esos grandes libros, estaba plasmada toda la historia que los duendes anteriores a él, habían ido escribiendo a lo largo de los siglos. Eran historias increíbles, como aquella vez en que un oso subió a lo alto de un árbol en busca de un panal de abejas y al mirar abajo y ver lo lejos que se encontraba el suelo, le dio miedo bajar y tuvieron que pedir ayuda a los grandes buitres. Tuvieron que reunirse varios de ellos y juntar sus alas para poder acoger al oso, miedoso e imprudente y lentamente bajarlo planeando hasta el suelo. O aquel otro caso, en que unas hormigas hicieron tantas galerías en el subsuelo, que su hormiguero se convirtió en un auténtico laberinto, del que no sabían salir. Menos mal que un antepasado de Bernardo, que se llevaba muy bien con un oso hormiguero, y mediante un trato especial para que no se las comiera, introdujo su larguísima lengua viscosa y atrapó a todas las hormigas que desorientadas, no daban crédito de que no las engullera su peor enemigo.

Así podríamos continuar durante días y días, enumerando miles y miles de aventuras y sucesos que a lo largo de los siglos, les sucedieron a los duendes de la antigüedad.

Bernardo cogió un libro enorme y buscó en la D de dragones.

Dragones que pierden el apetito. Dragones que pierden las escamas. Dragones que se resfrían. Dragones que no saben volar.

Por fin, dio con algo que podría ayudar a su amigo a recobrar el fuego perdido.

Le pareció que era un pelín peligroso pero como no les quedaba otro remedio, decidieron arriesgarse y ponerse en camino de inmediato.

Tuvieron que coger comida para una larga travesía y algunas cuerdas por si les hacían falta. También se llevaron unos abanicos por si fueran necesarios. Y un poco de licor de miel, su elixir decía él.

Bernardo era un duende con muchos recursos y además era muy valiente.

Durante varias jornadas tuvieron que andar y andar y andar sin descanso.

Las montañas siempre están muy lejos y las más altas, más aún.

El pequeño dragón aún era muy chiquitín para volar y por ese motivo no les quedó más remedio que darse un palizón de muy señor mío. Menos mal que habían llevado comida en abundancia y suficiente licor de miel. La travesía era más llevadera.

Por fin alcanzaron las más altas cumbres de la cordillera. Ahora sólo tenían que acercarse con muchísimo cuidado al borde del cráter del volcán. Ese era el lugar elegido por Bernardo para que dragoncito recuperase el fuego perdido por chapotear en el charco de agua.

Con sumo cuidado fueron caminando hasta encontrarse a apenas unos metros del cráter.

̶ Ahora, le dijo Bernardo a su amigo, tendrás que ir muy lentamente hasta el mismo borde y hacer lo que yo te diga.

̶ Debes de tener mucha precaución de no quemarte pues las llamas de un volcán son terriblemente peligrosas y más si también expulsa lava.

A apenas unos centímetros del borde, Bernardo le comentó a dragoncito:

̶ Ahora, cuando vuelvan a subir las llamaradas de fuego, tendrás que asomar la cabeza y aspirarlo con mucha fuerza, e inmediatamente retirarte para no quemarte el resto del cuerpo.

El pequeño dragón estaba muy nervioso, pero sabía que no tendría otra oportunidad de recuperar el fuego que lo igualaba al resto de sus congéneres.

Acercó su cabeza al mismo borde del volcán y…

̶ ¡Ahora, dragón, ahora! ¡Aspira con todas tus fuerzas! ¡Aspira fuerte, fuerte!

El dragón obedeció a Bernardo e hizo todo lo que su amigo le fue diciendo e inmediatamente se retiró de la boca del cráter para no quemarse ni caer en él.

Bajaron rápidamente del volcán, pues todo el mundo sabe, que los volcanes son muy peligrosos y no conviene estar cerca de ellos por si acaso.

El dragoncito estaba muy contento, pues gracias a su amigo, había recuperado el fuego. Le prometió que nunca más chapotearía en los charcos ni se acercaría a los volcanes. Una mala experiencia era suficiente.

Camino del bosque se sentaron en unas piedras para comer algo y reponer fuerzas y

también, echar unos tragos de licor de miel. El elixir mágico de Bernardo y de casi todos los duendes.

 

Cuando estaban a punto de terminar su refrigerio, una comitiva de los habitantes de la comarca donde vivían, llegó hasta ellos.

̶ ¿Qué os trae por aquí, queridos vecinos? Les dijo Bernardo.

̶ ¡Hola Bernardo y compañía! Exclamó, el que parecía ser el portavoz.

̶ Nos hemos acercado a tu encuentro porque queremos pedirte consejo.

̶ Vosotros diréis. ¿De qué se trata?

Los vecinos le contaron la problemática que tenían con el exceso de agua. Las nubes no se agotaban nunca de echar agua y más agua y si no ponían remedio, pronto sería imposible vivir en la comarca, sin miedo a perecer ahogado o caer en un torrente inesperado.

̶ Pero nadie tiene poder sobre la naturaleza y tampoco sobre las nubes, dijo Bernardo.

̶ Habíamos pensado que tal vez tú, con tu sabiduría, podrías dar con alguna fórmula que permitiera a las nubes desplazarse a otro lugar donde hiciera más falta el agua que aquí.

̶ No sé, no sé… Meditó Bernardo.

̶ Tal vez mi amigo Peter, el limpiador de estrellas, nos podría ayudar. Pero claro vive en el espacio y no sé cómo hacer para traerlo hasta nosotros.

El dragoncito, que hasta ese momento, se había limitado a escuchar lo que decían los mayores, tiró de la chaqueta de Bernardo y le dijo:

̶ Mis amigos y mi familia podrían traerlo. Los dragones podemos viajar al espacio sin ningún problema.

Todos los presentes miraron al pequeño dragón, que se sintió muy importante en ese momento, por poder ayudar a sus vecinos y amigos.

̶ Que buena idea has tenido, le dijo Bernardo.

̶ Voy a ponerme en contacto con Peter y en cuanto estén preparados los dragones, iremos a buscarlo. Seguro que él tiene una idea que nos permita enviar las nubes a un lugar donde las necesiten más.

Todos partieron a sus lugares de origen para prepararse lo antes posible. El tiempo corría en su contra, pues las acumulaciones de agua, en algunas zonas, comenzaba a ser muy preocupante. Tal es así, que en un recodo del camino, tuvieron que dar un rodeo muy grande, pues un gran torrente de agua, lo había hecho desaparecer. Los habitantes de la comarca, comenzaban a tener miedo de no llegar a tiempo y de que el agua, arrasara absolutamente con todo.

 

Peter les estaba esperando en La Luna. Su pequeña nave espacial le permitía viajar por el espacio, pero no podía aterrizar en La Tierra porque la fuerza de su gravedad, era tan fuerte, que la destruiría.

Cuando llegó Bernardo en compañía de los dragones, se puso muy contento. Ambos se dieron un gran abrazo por verse de nuevo celebrando su amistad.

Instalaron unos grandes ventiladores, que funcionaban con células solares y que había inventado Peter, en los dragones más grandes y comenzaron a descender hacia la superficie de La Tierra.

Cuando llegaron a la altura de donde estaban las nubes, Bernardo dispuso a los dragones a lo largo y ancho del comienzo de los nubarrones y Peter comenzó a accionar los grandes ventiladores.

En un momento, las nubes comenzaron a moverse hacia adelante, en dirección al desierto lejano que agradecería un poco de agua, pues ya se sabe que en el desierto, apenas llueve.

Los habitantes del bosque y de la comarca, no sabían cómo agradecer a Peter, a Bernardo y a los dragones, el grandísimo favor que les habían hecho. Gracias a ellos, la vida volvía a su normalidad y sus vidas ya no corrían peligro. Incluso, aquellos animales que tuvieron que huir de ella, regresaron una vez se enteraron que las lluvias habían cesado.

Prepararon una gran fiesta que duró una semana, por lo menos. El licor de miel, corrió a diestro y siniestro por las gargantas de todos los duendes, que no pararon de bailar y cantar durante esos días.

Una noche, en la que se encontraban Peter y Bernardo y algunos amigos más, disfrutando del buen tiempo, Peter notó que algunas estrellas no brillaban lo suficiente.

Se lo dijo a su amigo y le comunicó, que al día siguiente, tendría que partir de nuevo al espacio. Su trabajo de limpiador de estrellas, le llamaba y tenía que ponerse al día.

Bernardo le dio las gracias en nombre de todos y le deseó mucha suerte.

Al día siguiente, algunos dragones le acercaron hasta la luna y montando en su nave espacial, se perdió en la inmensidad del espacio.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

 

 

 

 

 

 

Bernardo y el Viento del Norte

 

Para los que no lo sepáis, Bernardo es un duende muy pequeñito, que vive en una casita que se encuentra en un tronco de árbol, en un bosque precioso, que no se sabe muy bien donde se encuentra. Sus amigos son los animales, los niños, las aves y todo aquel que tenga buen corazón. Bernardo ayuda a todo el que se lo pide, pues su sabiduría es de todos conocida y también, tiene una pequeña afición: Le encanta el licor de miel.

 

 

Bernardo se estaba preparando una copita de hidromiel, cuando saliendo de la chimenea de su casa, se formó un pequeño remolino de viento.

̶ Caray, se dijo a si mismo Bernardo. ¿Quién eres tú?

̶ Perdona que te moleste a estas horas, pero alguien me dijo que podrías ayudarme.

̶ Soy el viento del norte.

̶ Ya lo estoy sintiendo ya, menudo frío hace desde que has llegado.

̶ Lo siento mucho, intentaré ser breve.

̶ Cuenta, cuenta entonces, le metió prisa Bernardo.

̶ Verás, hace mucho tiempo, al polo norte, donde yo vivo, llegó un hombre en busca del aire cálido. Todos los vientos que allí vivimos, le contestamos que se había equivocado de lugar. En el polo norte sólo encontrarás frio y más frio, le contestamos. El aire cálido tienes que buscarlo en África.

̶ El hombre se puso muy triste.

̶ De allí vengo, pero tampoco está. Es como si la tierra se lo hubiera tragado. Lo he buscado en todos los lugares del mundo. En los valles más recónditos, en los ríos más anchos. En los desiertos más alejados. He buscado hasta en el fondo del mar, por si se hubiera transformado en corriente marina. Pero nadie lo ha vuelto a sentir desde que ocurrió la gran tragedia.

̶ ¿La gran tragedia? Preguntó Bernardo.

̶ Eso mismo le preguntamos nosotros.

̶ El hombre, triste y cabizbajo, siguió relatándonos su amarga experiencia.

̶ Hace algunos años, sucedió en un valle de África lo siguiente: Los animales de la sabana y los que habitaban las montañas junto con las tribus que vivimos en los valles, nos reunimos para intentar dar con la solución que erradicara para siempre la sequía que desde hace muchísimos años asolaba el continente. Sin agua no podríamos resistir más tiempo. El hechicero de una de las tribus más sabias, nos había transmitido la idea de que si reuníamos a los vientos del norte con los del sur, el agua volvería a llenar los cauces de los ríos y lagos del continente y la sequía desaparecería para siempre.

̶ El caso es que nos dio tanta pena, que decidimos ayudarle y desde ese momento recorrimos el mundo en busca de nuestros colegas del sur. Pero nuestra búsqueda ha sido hasta el momento infructuosa. Lo único que estamos consiguiendo es congelar todo a nuestro paso, llenar de nieve las montañas y aterir de frío a los seres humanos que pueblan los lugares por donde pasamos.

̶ ¿Y cómo puedo ayudarte? Le contestó Bernardo.

̶ He pensado, que tal vez tú, con tu sabiduría y experiencia, puedas dar con la solución.

Bernardo estuvo meditando varios minutos mientras bebía su copita de hidromiel, que tuvo que rellenar varias veces más, pues desde que el viento del norte entró en su casa, hacía un frío de muy señor mío.

̶ Tal vez haya una solución, contestó Bernardo.

̶ Deberéis continuar recorriendo el mundo. Llenar de nieve todas las montañas y valles y congelar los cauces de los ríos y lagos.

̶ Una vez que esté lleno de nieve y hielo, retiraros al polo norte y no volváis a salir de él durante seis meses.

̶ La nieve y el hielo que habréis repartido previamente por todo el mundo, se irá descongelando poco a poco y los ríos y lagos volverán a llenarse de agua y los valles y bosques reverdecerán de nuevo.

̶ Los animales y los habitantes de la tierra donde ahora hay sequía podrán volver a ser felices.

̶ Tienes razón Bernardo. ¡Cómo no se nos habrá ocurrido antes! Será porque siempre estamos helados. Te estoy muy agradecido por tu ayuda. Mil gracias Bernardo. Voy volando a decírselo al resto de los vientos.

̶ Hasta siempre.

̶ Adiós viento del norte.

̶ Vete con viento fresco.

̶ Caray que frio…

Y volvió a beber un traguito de hidromiel.

Se lo había ganado.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

Hip, hip…